7 de febrero de 2016

Genocidio en el Congo

Leopoldo II de Bélgica
En 1885 el rey Leopoldo II de Bélgica, ávido de nuevos territorios para su pequeño país, compró a título personal una parte del Congo tan grande como Europa, gracias a los buenos oficios del explorador inglés Henry Morton Stanley, que firmó tratados con varios gobernantes africanos para la Asociación Internacional del Congo, la organización que servía de tapadera a las ambiciones del rey. En la Conferencia de Berlín (1884–1885) los poderes europeos reconocieron a la Asociación Internacional del Congo y Leopoldo bautizó a este nuevo territorio como État Indepéndant du Congo, en uno de los mayores eufemismos de la historia.

Fueron más de un millón de millas cuadradas, que fueron cedidas al rey belga en bandeja de plata. La entrega se realizó sin ningún congoleño presente y el Reino de Bélgica abandonó toda responsabilidad sobre el territorio, por lo que éste quedaba convertido prácticamente en propiedad privada de Leopoldo.

Se suponía que Leopoldo trataría a los nativos con humanidad y respeto, tal como predicaba unos años antes, pero la realidad iba a ser muy distinta. Mandó más de 16.000 soldados de diversas nacionalidades pagados directamente por él, para que mantuvieran las seguridad en su territorio. La entrega del Congo fue un cheque en blanco, las potencias europeas le concedieron plenos poderes al rey belga, seguros de que su humanidad y sus inclinaciones filantrópicas le impedirían transformarse en un tirano. Luego los hechos demostrarán cuán erradas fueron estas percepciones.


Sin ningún obstáculo aparente, el belga puso manos a la obra. Después de que John Dunlop inventase el neumático, la demanda de caucho y latex se disparó demencialmente. Las ambiciones por adueñarse de la mayor parte del mercado, llevaron a Leopoldo a cometer actos atroces. Los árboles de caucho abundaban en el Congo y para aumentar la productividad de esta sustancia (y a sí poder competir con la producción en otros puntos del orbe, principalmente en América Latina) se sometía a los trabajadores a condiciones infrahumanas. Los nativos trabajaban las 24 horas del día y las muertes por fatiga eran diarias. El Congo se transformó en un inmenso campo de trabajo forzado. Los castigos, para los recolectores que no entregaban el mínimo exigido de látex, eran brutales. Iban desde los chicotazos y las mutilaciones de manos y pies hasta el exterminio de aldeas enteras, cuando se producían fugas o las aquellas comunidades no cumplían con la obligación de alimentar a sus verdugos como éstos esperaban.

Se calcula que durante los años de dominio de Leopoldo sobre el Congo fueron exterminados unos diez millones de nativos, la mayoría esclavizados, mutilados o asesinados en masa debido a su resistencia a trabajar en las extracciones de caucho.

Las atrocidades cometidas en el Congo fueron descubiertas bastante tarde. En 1895, el misionero Henry Grattan Guinness instala una misión en el Congo cuando fue avisado de los abusos sufridos por la población del Estado Libre del Congo. Obtuvo promesas de mejora de Leopoldo, pero nada cambió. El periodista británico Edmund Dene Morel, ex agente de una compañía de navegación encargada del transporte del caucho hacia Europa, y conocedor de las estructuras comerciales establecidas en Àfrica del oeste, fue también uno de los primeros en avisar a la opinión internacional sobre los crímenes cometidos, recogiendo por primera vez pruebas testimoniales y documentales. Todas estas voces levantadas en contra de las atrocidades cometidas no obtuvieron frutos.

En 1903, dos años después del fallecimiento de la reina Victoria de Inglaterra, la Cámara de los Comunes adopta una postura crítica con respecto a la administración del Congo y envía a un diplomático Roger Casement para que investigara los hechos. El informe de Casement fue impactante y tal fue su magnitud que el gobierno británico mando 14 copias a los países que casi 20 años antes, le habían concedido el dominio del Congo a Leopoldo durante la Conferencia de Berlín. El rey Leopoldo, pese al escándalo, mantuvo su control sobre el Congo hasta 1908, fecha en la que el Parlamento belga, bajo la presión internacional, decidió anexionarlo y asumir su administración. Leopoldo II aceptó firmar el Tratado de cesión del Estado Independiente del Congo el 28 de noviembre de 1907.

De esta manera se pone fin a la tiranía de Leopoldo en el Congo. Para el rey de los belgas fue una empresa más que exitosa, él se enriqueció enormemente y Bélgica obtuvo un imperio. Para los nativos del Congo, los años de administración belga fueron un infierno. Leopoldo podría considerarse como uno de los hipócritas más grandes de la Historia. Con su boca predicaba paz y humanidad para los africanos y con la mano realizaba actos atroces. Es innegable la astucia de Leopoldo como estadista, consiguió un imperio de la misma nada pero que costó la vida de más de diez millones de inocentes.


Fuentes:
* http://www.ikuska.com/Africa/Historia/congo/hiscongo1.htm
* https://elglobodegambetta.wordpress.com/2012/12/19/el-congo-y-leopoldo-ii-cronicas-de-un-genocidio-olvidado-ii/
* http://mrdomingo.com/2010/12/30/el-genocidio-de-leopoldo/


28 de enero de 2016

Personajes históricos: Confucio

Kung Fu-Tse o Confucio, fue un pensador chino que vivió entre 551 y 479 a.C. Procedente de una familia noble arruinada, a lo largo de su vida alternó periodos en los que ejerció como maestro con otros en los que sirvió como funcionario del pequeño estado de Lu, en el nordeste de China, durante la época de fragmentación del poder bajo la dinastía Chu. Fracasó en sus intentos por atraerse a los príncipes, limitándose su influjo en vida al que consiguió ejercer directamente sobre algunos discípulos.

La importancia del personaje procede de la difusión posterior de su pensamiento, conocido como confucianismo o confucionismo, contenido fundamentalmente en sus Entrevistas. Dicho pensamiento puede interpretarse como una respuesta al clima de desorden y de continuas luchas entre señores feudales que imperaba en la época histórica que le tocó vivir.

El confucianismo es fundamentalmente una ética y no una religión, pues apenas hay en él mención a la divinidad, ya que Confucio rehusó especular sobre el más allá. El centro de sus preocupaciones fue la moral personal, tanto por lo que respecta a la orientación de las conductas privadas como a las normas del buen gobierno.

Dicha moral, basada en el altruismo, la tolerancia, el respeto mutuo, la armonía social y el cumplimiento del deber, constituía en realidad una sistematización de ideas presentes en la cultura china, razón por la que se difundió con facilidad y contribuyó a modelar la sociedad y la política chinas sobre una base común. Se trata, en consecuencia, de un pensamiento conservador, y de hecho así lo presentó Confucio, situando en el pasado la «edad de oro» en la que habían imperado los buenos principios a los que los chinos debían regresar.

Confucio reforzó la importancia de la familia tradicional en la sociedad china, al insistir en el respeto de los hijos a los padres y en la obediencia de las mujeres a sus maridos. También reforzó la sumisión del pueblo a las autoridades, aunque rechazando la tiranía: los súbditos debían obediencia al soberano, ya que el Estado existía para buscar el bien de los gobernados; pero, por la misma razón, los gobernantes debían gobernar según rectos principios éticos, aplicando el ejemplo moral y no la fuerza. Soñaba con el regreso a un pasado idealizado en el que un emperador sabio y bondadoso (el «hijo del Cielo») gobernara y fuera obedecido como un padre por sus hijos, en un clima general de paz y de orden.

Confucio creía en la existencia de un orden cósmico perfecto, que debía ser imitado en los asuntos humanos, logrando la armonía de la tierra con el Cielo, fuerza inteligente que gobierna el mundo. A pesar de su talante netamente conservador, el pensamiento de Confucio tenía un potencial innovador en la medida en que exigía un gobierno moral y bienhechor: proclamaba que la nobleza no procedía del nacimiento sino de la superioridad moral; y dejaba abierta la puerta a la rebeldía contra los gobernantes inmorales.

Quizá por ello sus ideas no fueron aceptadas por los dirigentes de la época, mientras se iban extendiendo entre el pueblo llano; perseguido infructuosamente durante la época de la dinastía Ts'in (221-206 a. C.), el confucianismo se convirtió en la filosofía oficial del Estado bajo la dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.). Desde entonces, el sistema de selección del personal al servicio del Estado mediante oposiciones convirtió el estudio del pensamiento de Confucio y de sus seguidores en uno de los pilares de la formación de un hombre culto, que abría las puertas de la burocracia y de la promoción social.

Esta doctrina moderada y fuertemente anclada en la mentalidad tradicional ha marcado la ética dominante en China al menos hasta comienzos del siglo XX y su influencia sigue siendo perceptible hasta nuestros días, a pesar del esfuerzo de las autoridades comunistas por erradicarla; su influencia se propagó también a Japón, Corea y Vietnam como parte del influjo cultural que en términos generales han recibido esos países de la vecina China.


Fuente:
* http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/confucio.htm


24 de enero de 2016

La rebelión de Niká

Era el 13 de enero del año 532 y, como casi todos los días, había carrera de cuadrigas en el hipódromo de Constantinopla. Las carreras eran el gran espectáculo de la capital. Miles de personas las seguían con pasión e ímpetu. La vida giraba en torno al hipódromo que tenía capacidad para unas 40.000 personas y cuyo palco daba directamente a las estancias del palacio imperial. Ir a las carreras era todo un acontecimiento social y político, ya que también servía como válvula de escape para los diferentes conflictos internos que afectaban al imperio. En las carreras había cuatro facciones que se agrupaban en diferentes colores. No solamente animaban a sus respectivos equipos, sino que representaban también diferentes grupos sociales y religiosos. Los más importantes eran los azules y los verdes, que estaban compuestos por católicos ortodoxos (los azules) y por cristianos monofisitas (los verdes), las dos corrientes religiosas más importantes del imperio que estaban gravemente enfrentadas. El emperador Justiniano era un ‘azul’ y eran los azules los que controlaban gran parte del aparato burocrático estatal y judicial frente a la indefensión de los verdes.

Justiniano
Ese 13 de enero de 532, un día de carrera que parecía ser como cualquier otro, el líder de los verdes intentó pedir justicia al emperador por una serie de asesinatos de miembros de su grupo y que las autoridades no querían esclarecer. Justiniano, completamente confiado en su poder y en que ese día iba a ser como cualquier otro, le ignoró. Los verdes se enfadaron, y mucho. Salieron del hipódromo y se organizó una batalla campal contra los azules con muchos muertos y heridos. Esto suponía una provocación al poder imperial, por lo que se arrestó y ejecutó a los cabecillas de las dos facciones. Ese fue el error de Justiniano.

Con el arresto de sus jefes, verdes y azules dejaron de odiarse entre ellos. De repente ya no había verdes ni azules, ortodoxos ni monofisitas. Sólo había súbditos del emperador indignados por la arbitrariedad de Justiniano y por sus vidas precarias y humilladas por los poderosos. Ya no eran hinchas que gritaban por un equipo, se habían convertido en insurrectos, y su grito era ¡Niká!, victoria.

La revuelta se fue extendiendo por toda la ciudad, atacando y destruyendo edificios públicos como el Gran Palacio y la iglesia más importante de la ciudad, Santa Sofía (que más tarde debería ser reconstruida por Justiniano). Los rebeldes llegaron a nombrar hasta un nuevo emperador, Hipatio, que era sobrino del antiguo emperador Anastasio I. A punto estuvo de abdicar Justiniano,aunque por encima del temor de Justiniano se impuso la fría serenidad de Teodora, que le convenció de que sólo una represión ejemplar acabaría con esta y sucesivas rebeliones, con estas palabras: “Si la fuga fuese el único medio de salvarse, renunciaría a la salvación. El hombre ha nacido para morir y aquel que reina no debe conocer el miedo. César, escapa tú, si quieres: ahí está el mar, ahí las naves que te esperan y tienes bastante dinero. En lo que a mí respecta, acepto el viejo dicho de que la púrpura es la mejor de las mortajas”.

Hipódromo de Constantinopla
El emperador se quedó y mandó llamar a Belisario, su general más victorioso. Belisario, fingiendo negociar, rodeó a los rebeldes en el hipódromo y los masacró con sus soldados de élite. Se calcula que murieron cerca de 30.000 personas, una barbaridad si se tiene en cuenta que Constantinopla contaba entonces con alrededor de 600.000 habitantes. La ciudad quedaría totalmente destruida, pero el emperador tendría la excusa de reconstruirla con nuevos edificios, que curiosamente constituirían el núcleo principal de lo que se ha dado en llamar la Edad de Oro del arte bizantino, con ejemplos tan significados como la iglesia de Santa Sofía o la de San Sergio y San Baco, que se concluye también después de los disturbios. O la llamada Cisterna Basílica, construida bajo una stoa en forma de basílica que había construido Constantino, y que también sería ampliada por Justiniano después de la revuelta Niká.


Fuentes:
* https://unahistoriacuriosa.wordpress.com/2014/03/03/los-disturbios-de-nika-el-principio-de-una-masacre/
* http://vidayeltiempo.blogspot.com.es/2011/05/nika-la-rebelion-de-los-hinchas.html


17 de enero de 2016

Novela histórica: Las torres de Sancho (Toti Martínez de Lezea)


A comienzos del año 1000, Sancho III Garcés el Mayor heredó de su padre el reino de Pamplona. Por alianzas matrimoniales, herencias y conquistas, a su muerte sus posesiones abarcan un vasto territorio que legó a sus cuatro hijos varones: Ramiro, García, Fernando y Gonzalo. Dos generaciones más tarde, los reyes de los tres reinos hispano-cristianos Sancho IV Garcés de Navarra, Alfonso VI de Castilla, León y Asturias y Sancho Ramírez de Aragón eran nietos suyos. La ruta de Santiago, la reforma de los monasterios, el cambio del rito godo al romano, las disputas territoriales, la ambición y el amor se entremezclan con personajes reales y de ficción en esta apasionante novela.

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