viernes 8 de enero de 2010

La sociedad de los Samuráis


La figura del Samurái está rodeada de leyenda y admiración, de forma que podemos tener una visión "tópica" y "romántica" de estos guerreros. Los samuráis eran guerreros con una gran lealtad hacia su señor, pero también existían unos samuráis conocidos como ronins (hombre ola). Eran unos guerreros libres, que acababan en esa situación por la muerte del señor que servían o por la pérdida de sus favores, pero también eran ronins los hijos de ronins.

Probablemente los samuráis como clase nacieron en el s.XII, pero en realidad su origen se remonta en torno al s.IV a.C. cuando aparecen unas élites armadas dentro de la sociedad tribal. Por tanto, se puede ver esto como un origen antecedente de estos guerreros. Estos guerreros tribales fueron adquiriendo poder y prestigio a lo largo del tiempo, y formaron grandes clanes.

En el período de Heian (794-1192) los samuráis ascendieron como clase social. También en este período se puede decir que los samuráis adoptaron gran parte de sus características en lo respectivo a las armas y vestimenta. A finales del s.XII, cuando Minamoto Yoritomo venció en la guerra de Gempei, estableció la supremacía de la casta samurái, la cual fue una de las grandes protagonistas del Japón de los siguientes siglos.

Los samuráis formaban una casta familiar que estaba al servicio de la nobleza alta (daimyo). Estos señores basaban su poder en lazos personales y familiares.

En la cúspide de la pirámide feudal japonesa se encuentra el Daimyo y su familia directa, por debajo los fudai, que son familias que desde hace mucho tiempo se ecuentran al servicio de los daimyo. Después encontramos a los vasallos, que en la mayoría de las ocasiones son daimyo vencidos en las guerras interiores feudales, que pasaban a ser vasallos del vencedor agregando a éste sus generales. Los vínculos de lealtades eran así muy complicados.

Dentro de esta organización social, había una propiamente militar y es aquí donde los samuráis tienen todo el protagonismo. Había diferentes clases de samuráis, que según su estatus y riquezas aportaban su caballo, armas, hombres y equipamento al servicio de su señor siempre que fuera requerido.

En la base de la sociedad militar se encontraban los ashigaru, que constituían la gran masa de combatientes: portaestandartes, infantería, arqueros, mensajeros, etc. Esta clase militar trabajaba de jornalera al servicio de los samuráis en tiempos de paz.

Después de la célebre batalla de Sekigahara, en la que venció Tokugawa Ieyasu, hubo un gran período de paz de unos tres siglos. ¿Qué hacen los samuráis en tres siglos de paz? La casta samurái se cerró aún más y pasaron a ser miembros de la corte participando en su administración y asesoramiento y fueron muy comunes los duelos. Los daymio fueron obligados a reducir sus tropas y los ronins empezaron a ser un problema.

En 1868 se dió la Restauración Meiji que supuso una occidentalización de Japón, por la cual el samurái ya no era la única fuerza armada. Se abolió el derecho de llevar katana en público y matar a los servidores que faltaran al respeto al samurái. Se estableció "la igualdad" entre los japoneses, de este modo los samuráis perdieron su posición favorable y su malestar fue en aumento. Algunos fueron capaces de adaptarse a la nueva situación y se incorporaron a otro tipo de trabajos.

En 1877 se dió la última batalla samurái (reflejada de manera muy idílica en El último Samurái) liderada por Saigo. Seguido por casi cincuenta mil samuráis descontentos, se encaminó a Tokio para derrotar al gobierno. Un ejército moderno fue enviado por el gobierno y la batalla duró una semana. Este ejército no era profesional pero consiguió derrotar a los samuráis. Saigo fue derrotado y obligado a retirarse, por lo que siguiendo el código de honor samurái se praticó el hara- kiri.

(Fuente: Gentehistoria)


jueves 7 de enero de 2010

La cámara secreta de los católicos


Durante el reinado de Elizabeth I de Inglaterra, hija de Enrique VIII y Ana Bolena, existió una intensa persecución de los sacerdotes católicos. Para evitar su encarcelamiento o, incluso, su muerte, los sacerdotes se refugiaron en pequeñas cámaras secretas llamadas "priest hole".

Aunque durante sus primeros años la llamada “Reina Virgen” mantuvo una política de tolerancia y permitió a los católicos conservar su fe, siempre que los ritos los celebrasen en la intimidad de sus hogares, pronto descubrió que el catolicismo representaba una seria amenaza para su consolidación en el poder. Los católicos, que no consideraban a la hija de Ana Bolena una reina legítima, se rebelaron contra ella en 1569 y en 1571 y el Papa terminó apartándola de la comunidad católica a través de la bula de excomunión de 1570.

Estos acontecimientos obligaron a la reina a endurecer sus medidas contra la religión y a tratar de consolidar el protestantismo en Inglaterra. La reina condenó a muerte a los sacerdotes católicos que se hubieran ordenado tras su ascenso al trono en 1558; prohibió la celebración de ritos católicos, castigando a los reincidentes con el encarcelamiento de por vida; y aplicó la pena de muerte por alta traición al “papista” que hubiese convertido al catolicismo a un protestante y a éste último, por abrazar la fe católica.

“Priest hole” en Harvington Hall

El miedo a ser encarcelados o ejecutados hizo que los sacerdotes construyeran en sus templos escondites donde refugiarse. También en las mansiones de las familias católicas se camuflaron habitáculos para ponerse a salvo. El número de cámaras secretas y lugares donde esconderse proliferó a medida que la reina intensificaba la persecución. Estos claustrofóbicos lugares podían encontrarse en partes aisladas de las casas, detrás de paredes, en el subsuelo o en el techo. A veces eran de mayor tamaño y se utilizaban para celebrar la misa con la máxima seguridad, pero, generalmente, sólo servían para que el sacerdote se refugiase en caso de emergencia y pusiera a salvo diversos ornamentos católicos, vasos sagrados y otros objetos comprometedores.

Un jesuita, Nicholas Owen, dedicó la mayor parte de su vida a la construcción de estos lugares. Él diseñaba y construía los refugios y, en caso de necesidad, conducía al sacerdote a través de pasajes subterráneos para esconderlo en habitaciones secretas e inaccesibles. Para garantizar la seguridad, sólo él y el sacerdote perseguido sabían la ubicación del “priest hole”. Nadie sabe cuántos hizo exactamente y es muy posible que algunos se encuentren aún por descubrir.

En estos claustrofóbicos lugares, los sacerdotes podían permanecer semanas, hasta que el peligro cesaba. Aunque cualificados carpinteros y albañiles intentaban descubrir los paneles secretos que ocultaban al sacerdote, con frecuencia, ni una búsqueda minuciosa permitía acceder a estos lugares ocultos. Sin embargo, en ocasiones, el hacinamiento, el hambre y la sed o la falta de oxígeno acababan con la vida de la persona refugiada antes de que pudiera salir del escondite.

“Priest hole” en Sawston Hall

(Fuente: Ovejas Eléctricas)

miércoles 6 de enero de 2010

Las cinco grandes pandemias de la historia


La enfermedad nos acompaña desde que existe la humanidad. Pero algunas grandes epidemias han hecho historia por la ferocidad con la que han atacado a la población.

Este es un pequeño resumen de las cinco grandes pandemias que ha sufrido el mundo a lo largo de la historia.

1. La malaria.

Los mosquitos son los animales que mas seres humanos matan a lo largo del año, estos bichos transmiten lo que se conoce como el paludismo, un parásito se apodera de nuestro organismo, los síntomas son los clásicos, fiebres, dolores musculares, etc… Hoy todavía es una cuestión pendiente acabar con este parásito.


2. La peste negra.

Entre 1347 y 1351, 75 millones de personas mueren en una de las más impresionantes pestes de la historia. La plaga se manifiesta en tres formas: bubónica, neumónica y septicémica. Parece que el origen de la enfermedad está en las marmotas chinas, las cuales lo transmiten a las pulgas y estas a las ratas, eliminando 25 millones de personas de los 40 que vivían en Europa en aquella época. Devastador.


3. La gripe.

Entre 20 y 100 millones de personas morirían en los años 20 por la conocida Gripe Española, una gripe de tipo A. En su día se pensó que era un castigo de la naturaleza por el mal creado en la Primera Guerra Mundial. La fácil transmisión del virus fue decisiva para terminar con cerca del 5% de la población mundial.


4. El cólera.

En 1817, en Calcuta se organiza una gran fiesta con gentes de todo el país, entre ellos uno que porta la mortal bacteria que puede terminar con una vida en 4 horas. Se transmite por agua o alimentos infectados y 40 millones de seres humanos se llevaría por delante.


5. La viruela.

Se origina en Egipto supuestamente hace 4000 años. Desde allí se esparce por todo el mundo causando estragos en los indígenas americanos contagiados por los colonizadores. En Europa mata a 60 millones de personas y la vacuna se descubre por casualidad en 1796.


(Fuente: El Fin del Mundo)

martes 5 de enero de 2010

La Francia de Napoleón


El 9 de noviembre de 1799 (18 Brumario según el calendario republicano), un joven general, Napoleón Bonaparte, protagonizó un golpe de estado en Francia y accedió al poder, clausurando definitivamente la Revolución Francesa e iniciando el Consulado.

En los inicios del Consulado, Napoleón compartió el poder con otros dos cónsules (triunvirato), pero en 1802 se declaró cónsul único y vitalicio. El Consulado se dotó de una nueva Constitución que establecía un ejecutivo fuerte, limitaba el sufragio a los más ricos y anulaba la Declaración de Derechos. En esos años, Napoleón acabó con las protestas populares y reprimió el jacobinismo y las tendencias democráticas. También integró a los realistas en el régimen con medidas como el retorno de los emigrados y el restablecimiento del culto católico a través de un Concordato. Napoleón fue progresivamente acumulando el poder en sus manos hasta que en 1804 se hizo coronar emperador.

Una vez establecido un férreo control sobre el orden público, Napoleón abordó la creación de nuevas instituciones y una serie de reformas que consolidasen los principios de 1791. En primer lugar, elaboró un Código Civil (1804), un Código de Comercio (1807) y un Código Penal (1810) que sancionaban la igualdad ante la ley, el derecho de propiedad, la libertad individual, de conciencia y de trabajo, y el libre acceso a los cargos públicos. En segundo lugar, realizó una centralización administrativa, mediante prefectos, representantes del jefe del estado en los departamentos que se encargaban de aplicar las disposiciones del gobierno. Finalmente, desarrolló la enseñanza pública y la uniformización lingüística.

La acción exterior fue el otro gran componente de la etapa napoleónica. Tras su coronación como emperador y la estabilización en el interior, Napoleón emprendió una política de conquistas y consiguió dominar Europa desde el río Elba hasta la Península Ibérica. Pretendía crear un imperio con el centro en Francia e implantar las instituciones revolucionarias en los territorios ocupados, quebrando así los regímenes absolutistas. Su condición de invasor, el uso de la fuerza y la explotación económica de los territorios conquistados generaron fuertes resistencias, no sólo por parte del absolutismo sino también de liberales que oponían un sentimiento nacionalista al ocupante.

El dominio francés sobre Europa alcanzó su cénit en 1812. A partir de ese momento, el fracaso en Rusia, las dificultades en España y la formación de una gran coalición europea (1813) provocaron el declive de Napoleón. La ocupación de París por las fuerzas coaligadas, en 1814, comportó la destitución de Bonaparte y el restablecimiento de los Borbones, en la persona de Luis XVIII. Napoleón fue confinado en la isla de Elba, pero el descontento popular tras la restauración del absolutismo favoreció su efímero retorno ("Cien días"). Fue definitivamente derrotado por las potencias coaligadas en la batalla de Waterloo (1815) y confinado en la isla de Santa Elena.

domingo 3 de enero de 2010

Palacio de Catalina

El Palacio de Catalina es la residencia de verano rococó de los zares de Rusia, ubicada en la ciudad de Tsárskoye Seló (Pushkin), a 25 km al sureste de San Petersburgo, Rusia. Sin duda, es un monumento absolutamente fascinador de arquitectura y de jardinería del s XVIII.

La residencia tiene su origen en el año 1717, cuando Catalina I de Rusia contrató al arquitecto alemán Johann-Friedrich Braunstein para construirle un palacio de verano para su distracción. La emperatriz Isabel, sin embargo, consideró que la residencia de su madre estaba pasada de moda y era incómoda y en mayo del año 1752 pidió a su arquitecto de corte, Bartolomeo Rastrelli que demoliera la antigua estructura y la reemplazara con un edificio mucho más grande en un llamativo estilo rococó.

El edificio se articula en varios edificios, el mayor de los cuales tiene una longitud de 340 m. Sus fachadas están decoradas con profusión de atlantes, columnas y grandes ventanales ornamentales, para los que se recurrió al ya característico contraste de colores del barroco ruso: azul, blanco y dorado. Es un palacio diferente a lo que se está acostumbrado a ver en la Europa Occidental, quizás demasiado recargado, pero que no deja de ser espectacular en todos los sentidos. En vida de Isabel, el palacio ganó fama por su exterior obscenamente lujoso. Se usaron más de 100 kilos de oro para dorar la sofisticada fachada de estuco y numerosas estatuas erigidas sobre el tejado. Incluso se rumoreó que el tejado del palacio estaba construido enteramente de oro.


Aunque los interiores neoclásicos de Stasov y Cameron son soberbias manifestaciones del gusto de finales del XVIII y principios del XIX, el palacio es conocido sobre todo por el gran conjunto de habitaciones formales de Ratrelli, conocidos como la Enfilada Dorada. Comienza en el espacioso y aéreo salón de baile, la «Gran Sala» o la «Sala de Luces», con un techo espectacularmente pintado, y comprende numerosas habitaciones menores distintivamente decoradas, incluyendo la reproducida Cámara de Ámbar.

Entre las estancias del palacio destaca el gran Salón Dorado o Salón del Trono. La visita a este salón puede abrumar por la profusión de dorados que están presentes en cada minúsculo detalle de esta estancia, y que se multiplican hasta el infinito por la multitud de espejos. El Salón Dorado o Salón del Trono, llamada en el siglo XVIII Galería Ligera, es una estancia formal en el estilo barroco ruso diseñado por Bartolomeo Rastrelli entre 1752 y 1756. El Salón del Trono estaba pensado para albergar las recepciones más importantes como bailes, cenas de gala y mascaradas. El salón estaba pintado en dos colores y tiene una superficie aproximada de 1.000 m2. Por la tarde se encienden 696 bombillas sobre 12-15 candelabros ubicados cerca de los espejos. En el techo podemos ver el fabuloso plafón de Giuseppe Valeriani "El triunfo de Rusia" de 1755.


Durante siglos este palacio fue la residencia oficial de los zares en verano, y fue aquí donde el último zar Nicolás II vivió arrestado hasta poco antes de su ejecución. Desafortunadamente, la Segunda Guerra Mundial hizo estragos en el palacio. Cuando las fuerzas del ejército alemán se retiraron del sitio de Leningrado, hicieron destruir la residencia intencionadamente, dejando solamente la concha vacía del palacio detrás de ellos. Antes de la SGM los archivistas rusos consiguieron trasladar una fracción de sus contenidos, que demostraron tener gran importancia al reconstruir el palacio. Aunque la mayor parte de la reconstrucción se acabó a tiempo de Tricentenario de San Petersburgo en 2003, aún se requiere mucho trabajo para restaurar el palacio a su anterior gloria.

LA CÁMARA DE ÁMBAR

Si hay algo sorprendente en este palacio sin duda es Sala de Ámbar, a la que se conoce como la octava maravilla del mundo. Se trata de una habitación completa, cubierta de paneles de ámbar, brillantes y reflejando la luz del sol. El rey alemán Friedrich Wilhelm I de Prusia obsequio la habitación como un regalo diplomático al zar Pedro el Grande, en 1717.

Primeramente la habitación fue instalada en el Palacio de Invierno, pero en 1755 la Emperatriz Isabel (Elizabeth) ordeno trasladarla al Palacio de Catalina en Tsarskoye Selo. Los paneles individuales de ámbar fueron transportados desde San Petersburgo a Tsarskoye Selo por 76 soldados a cuestas durante 6 días. No había suficientes paneles para decorar toda la superficie de 100 metros del nuevo interior, por eso los mosaicos y los espejos fueron añadidos y la parte inferior de la sala fue pintada imitando el ámbar.


Durante la Segunda Guerra Mundial las tropas nazis se llevaron los paneles de ámbar y existen muchas leyendas e historias sobre la suerte de la Sala de Ámbar, pero parece más real el hecho que los paneles fueron escondidos en una de las minas de la Costa Báltica o que se quemaron.

Un equipo de maestros de ámbar de "Tsarskoselskaya Yantarnaya Masterskaya" ha trabajado desde 1972, para recuperar la magnifica sala. Su idea era no sólo recuperar los paneles, sino también encontrar y repetir la manera original de los autores de la sala. Mientras que su misteriosa desaparición durante la Segunda Guerra Mundial sigue excitando a los cazadores de tesoros de todo el mundo, la Cámara de Ámbar ya ha recobrado su antigua grandeza y esplendor gracias al trabajo de los restauradores contemporáneos. Fue inaugurada en el verano 2003 cuando San Petersburgo celebraba su 300 aniversario, al que asistieron grandes personalidades de todo el mundo.

Como curiosidad, en la película de animación de 1997 “Anastasia”, el Palacio de Catalina está representado, erróneamente, como el hogar de la familia imperial.

sábado 2 de enero de 2010

El instrumento musical más antiguo


Hasta hace poco se desconocía la existencia de lo que ahora es considerado como el instrumento más antiguo del mundo. Y se trata de una flauta de hueso encontrada en una cueva alemana que se cree fue fabricada hace unos 35.000 años.

De hecho la ‘flauta’ fue reconstruida por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Tubinga, quienes encontraron 12 trozos de huesos de buitre dispersos en la cueva de Hohle Fels en el sur de Alemania. Conjuntamente, las piezas componen un instrumento de 22 centímetros con cinco orificios y un extremo agujerado.

De acuerdo a una comparación con otra flauta de marfil encontrada se pueden estudiar mejor las cualidades musicales. La primera cuenta con tres orificios que producen cuatro notas, más otras tres adicionales según cómo se sople. Sin embargo, la fluata de Hohle de huesos de buitre ofrece un rango de notas y posibilidades musicales mayores.

La música nos viene acompañando desde los inicios de la humanidad.

(Fuente consultada: Planeta Curioso)

viernes 1 de enero de 2010

Las drogas en el Imperio Romano


El criterio de esta civilización en materia de drogas se calca del griego. La Lex Cornelia, único precepto general sobre el tema, vigente desde tiempos republicanos hasta la decadencia del Imperio dice:

"Droga es una palabra indiferente, donde cabe tanto lo que sirve para matar como lo que sirve para curar, y los filtros de amor, pero esta ley sólo reprueba lo usado para matar a alguien".

En tiempos de los césares no era infrecuente fumar marihuana en reuniones para "incitar a la hilaridad y el disfrute", costumbre que pudo venir tanto de la sociedad ateniense como de los celtas. Hay también un edicto del emperador Alejandro Severo, que como consecuencia de algunas intoxicaciones prohíbe usar datura estramonio y polvo de cantárida o mosca española en burdeles napolitanos. Sin embargo las plantas fundamentales de Roma fueron la adormidera y la vid. Dicen que siguiendo recomendaciones de Galeno, su médico, Marco Aurelio abría las mañanas con una porción de opio "grande como una haba de Egipto y desleído en vino tibio". Nerva, Trajano, Adriano, Séptimo Severo y Caracalla emplearon opio puro en terapia agónica y como eutanásico. Lo mismo hicieron incontables ciudadanos romanos, patricios y plebeyos, pues eso se consideraba una prueba de grandeza moral.

En su "Materia" médica, Discórides describe el opio como algo que "quita totalmente el dolor, mitiga la tos, refrena los flujos estomacales y se aplica a quienes dormir no pueden". Por él -y por otros muchos escritores romanos- sabemos también que la demanda de esta droga excedía la oferta, siendo frecuente su adulteración.

El opio fue durante el Imperio un bien de precio controlado, con el que no se permitía especular. En el año 301, un edicto de Diocleciano sobre precios fija el del modius castrense (una vasija con capacidad para 17,5 litros) en 150 denarios, cuantía módica teniendo en cuenta que el kilo de hachís (una mercancía de precio libre) cuesta entonces 80 denarios. Poco después, en el año 312, un censo revela que hay 793 tiendas dedicadas a vender el producto en la ciudad de Roma, y que su volumen de negocio representa el 15% de toda la recaudación fiscal.
Con todo, este formidable consumo no crea problemas de orden público o privado. Aunque se cuenten por millones, los usuarios regulares de opio no existen ni como casos clínicos ni como marginados sociales. La costumbre de tomar esta droga no se distingue de cualquier otra costumbre -como madrugar o trasnochar-, y de ahí que no haya en latín expresión equivalente a "opiómano", si bien hay al menos una docena de palabras para designar al dipsómano o alcohólico.

(Fuente consultada: www.culturaclasica.com - Manuel Aranda)

miércoles 30 de diciembre de 2009

La celebración del Año Nuevo


El día de Año Nuevo es la más antigua y universal de las festividades religiosas. Curiosamente, su historia comienza en una época en la que aún no existía un calendario anual. El tiempo transcurrido entre la siembra y la cosecha representaba un “año” o ciclo.

La fiesta de Año Nuevo más antigua que se ha registrado se cele­braba en la ciudad de Babilonia, cuyas ruinas se alzan cerca de la mo­derna ciudad en Irak. Se situaba a fines de marzo, en el equinoccio vernal o de primavera, esto es, al comenzar esta estación, y los actos festivos duraban once días. Los festejos modernos palide­cen si se comparan con ellos. Los iniciaba un sumo sacerdote que, ha­biéndose levantando dos horas antes del alba y tras bañarse en las aguas sagradas del Éufrates, ofrecía un himno al dios local de la agri­cultura, Marduk, orando para pedir un nuevo ciclo de cosechas abundantes. Se pasaba la grupa de un carnero decapitado por los muros del templo, a fin de absorber todo contagio que pudiera infestar el sa­grado edificio y, por extensión, la cosecha del año siguiente. La cere­monia recibía el nombre de Kuppuru, palabra que apareció entre los hebreos casi al mismo tiempo, en su día de Reparación, o Yom Kippur.

Tanto desde el punto de vista astronómico como del agrícola, enero es el peor tiempo para comenzar simbólicamente un ciclo agra­rio o Año Nuevo. El sol no se encuentra en un lugar adecuado del cielo, como ocurre en los equinoccios de primavera y otoño y en los solsticios de invierno y verano, los cuatro acontecimientos solares que ponen fin a las estaciones. El traslado de este día sagrado se inició con los romanos.

Según su antiguo calendario, los romanos consideraban el 25 de marzo, comienzo de la primavera, como el primer día del año. Sin embargo, los emperadores y los altos funcionarios alteraron repeti­damente la longitud de meses y años para ampliar el tiempo de sus mandatos. Las fechas del calendario guardaban tan poca sincroniza­ción con los hitos astronómicos en el año 153 a.C., que para fijar con seguridad numerosas ocasiones de tipo público el Senado ro­mano declaró el 1 de enero primer día del año. A continuación se produjeron nuevas alteraciones de fechas, y para iniciar de nuevo el calendario el 1 de enero, en el año 46 a.C. Julio César tuvo que prolongar el año hasta 445 días, por lo que se conoce en la historia como “Año de la Confusión”. El nuevo calendario creado por César fue llamado en su honor calendario juliano.

Después de la conversión de Roma al cristianismo en el siglo IV los emperadores siguieron organizando celebraciones de Año Nuevo. Sin embargo, la naciente Iglesia abolió todas las prácticas paganas (es decir, no cristianas), y por tanto condenó estas festividades como es­candalosas y prohibió a los cristianos su participación en ellas. A me­dida que la Iglesia consiguió conversos y poder, planificó estratégica­mente sus propias fiestas para competir con las paganas, en muchas ocasiones aprovechándose de su popularidad. Para rivalizar con la fiesta de Año Nuevo el 1 de enero, la Iglesia estableció su propia fes­tividad en la misma fecha, la Circuncisión del Señor, que todavía ob­servan católicos, luteranos, episcopalianos y numerosas Iglesias orto­doxas de Oriente.

Durante la Edad Media, la Iglesia se mantuvo tan hostil al antiguo Año Nuevo pagano, que en las ciudades y países predominantemente católicos esta celebración desapareció por completo, Y cuando perió­dicamente volvía a resurgir, quedaba relegada al olvido en poco tiempo y casi en todas partes. En cierta época, durante la Baja Edad Media desde el siglo XI al XIII, los británicos celebraban el Año Nuevo el 25 de marzo, los franceses el domingo de Pascua, y los italia­nos el día de Navidad, que era entonces el 15 de diciembre; sólo en la Península Ibérica se observaba el 1 de enero. La aceptación general de esta fecha sólo data de los últimos 400 años.

La Nochevieja

Desde tiempos muy antiguos ésta ha sido la más bu­lliciosa de las noches. Para los antiguos agricultores europeos, los espíritus que destruían las cosechas por medio de enfermedades eran barridos durante la no­che que precedía al Año Nuevo con un gran concierto de cuernos y tambores. En China las fuerzas de la luz, el Yang, derrotaban anual­mente a las fuerzas de la oscuridad, el Yin, cuando en esta noche má­gica la gente se congregaba para hacer sonar platillos y detonar petar­dos. En Norteamérica, fueron los holandeses en su colonia de Nueva Amsterdam en el siglo XVII, quienes originaron las modernas cele­braciones de la Nochevieja, aunque es posible que los indios nativos de esas tierras les hubieran dado un ruidoso ejemplo en este sentido y con ello hubieran allanado el camino. Mucho antes de que llegaran los colonos al Nuevo Mundo, la fiesta de Nochevieja era observada por los indios iroqueses, que la relacionaban con la cosecha de maíz. Reuniendo ropas viejas, útiles caseros de madera, maíz y otros cereales los indios arrojaban estas posesiones del año anterior en una gran hoguera, con lo que significaban el comienzo de un Nuevo Año y una nueva vida. Era una costumbre antigua tan literal en su significado, que los eruditos de épocas muy posteriores no tuvieron que especular sobre su sentido.

Los colonos norteamericanos presenciaron la anárquica celebración anual de la Nochevieja por los indios y su conducta no fue mucho más austera, si bien la escasez de ropas, muebles y comida les impedía encender hogueras. En la Nochevieja de 1775 los festejos que se celebraron en la ciudad de Nueva York fueron tan ruidosos, que dos meses más tarde las autoridades prohibieron los petardos, las bombas de fabricación casera y el uso de las armas de fuego personales para conmemorar los futuros comienzos del Año Nuevo.

¡FELIZ AÑO!


(Fuente consultada: www.tinet.cat)

martes 29 de diciembre de 2009

Las revoluciones de 1820 y 1830


Durante la Restauración, los liberales pasaron a la clandestinidad y se organizaron en sociedades secretas. Los masones eran el grupo más importante, aunque existieron otros como los carbonarios italianos o los decembristas rusos. Estas sociedades, formadas por comerciantes, estudiantes, intelectuales y profesionales liberales, se consideraban herederas de la Ilustración y la Revolución francesa, y preconizaban la insurrección contra el absolutismo. Tenían influencia fundamentalmente en las ciudades y confiaban en que el pueblo se incorporaría al levantamiento una vez iniciado.

Esta estrategia caracterizó la oleada revolucionaria que se produjo entre 1820 y 1824, y que provocó una primera quiebra, aunque temporal, del sistema de la Restauración. El triunfo en España y, poco después, en Portugal, Nápoles y el Piamonte, abrió un corto período liberal que fue sofocado por las fuerzas absolutistas. En el caso de España y los estados italianos, se produjo la intervención directa de la Santa Alianza (1823). La represión fue muy dura; muchos liberales fueron detenidos o ejecutados, y otros marcharon al exilio.

Una segunda oleada revolucionaria se produjo entre 1829 y 1839. Esta vez, la intervención popular favoreció la derrota del poder aristocrático en Europa occidental. La revolución se inició en Francia en 1830 y significó el derrocamiento de los Borbones y la implantación de una monarquía constitucional, con Luis Felipe de Orleans. Su influencia se expandió fuera de las fronteras francesas y comportó la independencia de Bélgica, alterando por primera vez el mapa establecido en 1815. En Polonia, un movimiento de independencia política y nacional fue aplastado por el ejército ruso.

A finales de la década de 1830, el absolutismo fue desapareciendo de Europa occidental y se impuso un liberalismo moderado cuyo referente era la Constitución francesa de 1791. Así, se consolidó el dominio de la gran burguesía propietaria y de una aristocracia que mantenía su poder económico a cambio de renunciar a sus privilegios estamentales. Se estaba forjando una élite liberal moderada, que monopolizaba la acción política y marginaba a la pequeña y mediana burguesía pero, sobre todo, a las clases populares. Por ello los liberales moderados defendían el sufragio censitario y limitaron el ejercicio de las libertades: así, por ejemplo, las asociaciones obreras quedaban prohibidas.

lunes 28 de diciembre de 2009

Los castrati


Con el Renacimiento el mundo se seculariza. Todavía de forma muy tímida, es cierto. Pero algo de aquella polilla de la fe del carbonero desaparece. Los hombres aprenden a disfrutar parcialmente de lo que habían llamado valle de lágrimas. También el arte y la música entran en una nueva dimensión. Se refina el gusto y, con ello, aparecen los castrati.

Principalmente en Italia. Niños con exquisita voz para las empresas del canto, elogiados y admirados por el gran público, no podían evitar el trance impuesto por la naturaleza. La pubertad y la producción de testosterona significaban el vello en el rostro y la metamorfosis en el tono de voz. De un día para otro los querubines se habían transformado en sátiros.

¿Cómo conseguir que el niño siguiera siendo un niño, al menos por lo que atañe a las cualidades físicas? La solución la aportaron los llamados barberos, los cirujanos de la época. Cualquier día, mientras el inconsciente rapaz que prometía como cantor estuviese disfrutando de un inesperado baño caliente regado con licores y opiáceos, aparecía el castrador.

Escalpelo o bisturí, tijeras o pinzas, gomas y cuerdas. Ese era su instrumental, con el cual arrancaba o estrangulaba los testículos del joven. Porque la castración solía ser parcial. Sin los testículos, el organismo no produciría jamás la inoportuna testosterona, y la voz del infante permanecería por siempre 'virgo intacta'. No tener testículos supone, además, la esterilidad, pero no la incapacidad para la erección.

Cuando el niño sobrevivía (la operación en sí era dolorosísima pero no peligrosa: el problema, claro, residía en la falta de higiene y en las habituales infecciones postoperatorias), con suerte le esperaba un destino de divo. La selecta sociedad del XVIII, siglo del clímax (si utilizar en este contexto tal término no es una ironía) de los castrati, se sentía fascinado con aquellas ambiguas figuras.

Ambiguas, porque su "no desarrollo" de los caracteres sexuales hacía en ocasiones ímproba la tarea de discernir si se trataba de un varón o de una hembra. Las confusiones fueron numerosas, lo que no hacía sino aumentar la fascinación, el misterio.

Sin embargo, el aparente éxito de los Carestini, Monticelli o Farinelli (este último el más famoso de todos los castrati) no esconde el drama vivido por todos, aunque por algunos más que por otros. Muchos se quedaban en el camino, martirizados por los compañeros no castrados o incapaces de sobrellevar el trauma vivido.

(Fuente: Sobre Curiosidades - Souto Alves)
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