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13 de marzo de 2013

Pueblos íberos: Ilergetes

El pueblo ilergete fue uno de los más destacados del mundo ibérico. Estaba situado en Cataluña, en las actuales comarcas del Segrià, La Noguera, Urgell y Les Garrigues. Sus tierras eran muy aptas para el cultivo del cereal y para el pasto. Este territorio estaba vertebrado por las ciudades de Iltirta (actual Lleida) i Atanagrum, que ejercían la capitalidad. Se sabe que acuñaron moneda con las leyendas Iltirtasalirban, Iltirtar o Iltirtaslirustin.

En el 218 a.C. desembarcaba en Empúries el ejército romano dirigido por Gneo Publio Escipión. Los romanos, después de dominar pacíficamente los pueblos dóciles del litoral catalán, tuvieron que enfrentarse al pueblo ilergete, partidario de los cartagineses. Según el historiador romano Tito Livio, los ilergetes eran el pueblo más importante de la península y sus caudillos, Indíbil y Mandoni, eran muy emblemáticos.

Pero los hechos bélicos no se centraron en Iltirta (actual Lleida) sino en la ciudad ilergete llamada Athanagia (Atanagrum en versión latina). Los alrededores de la ciudad se convirtieron en campos de batalla entre los romanos y los cartagineses, con Aníbal al mando. Atanagrum, donde se encontraban los principales caudillos ilergetes fue asediada y en la misma plaza murió el caudillo de la ciudad. Escipión acababa de conquistar Cataluña pero al cabo de poco tiempo la rebelde Athagania se alzaba de nuevo contra Roma, degollando a la guarnición romana que vigilaba la ciudad. Este fue un acto de gran imprudencia y Escipión les castigó duramente por su enorme osadía. Athagania se convirtió en un montón de ruinas humeantes y entró en la leyenda como la ciudad que plantó cara a las legiones romanas, tal y como lo haría Numancia en la Celtiberia unos cuarenta años más tarde.



Se cree que Athagania había sido una ciudad próspera y culta de posible origen griego (Athana era el nombre de la diosa Atena) en el centro de Cataluña. Aunque hay multitud de especulaciones, parece ser que la ciudad se encontraba en el actual pueblo de Sanaüja, en la província de Lleida, donde todavía se puede encontrar una fuerte muralla.


Fuentes:
- Museu d'Arqueologia de Catalunya
- Los Ilergetes

3 de noviembre de 2012

El asedio de Numancia


En el siglo II a.C., los romanos se desplazaron desde la costa mediterránea remontando el valle del Ebro y cruzando después los sistemas Ibérico y Central hasta llegar al Alto Duero. El objetivo, conquistar el interior peninsular: la Celtiberia.

En el año 179 a.C., Sempronio Graco reprimió un levantamiento celtibérico, que concluyó en la batalla de Mons Chaunus, dando lugar al Tratado de Graco por el que los celtíberos del Valle del Ebro asumían el compromiso de no edificar nuevas ciudades ni fortificar las ya existentes.

Posteriormente, en el año 153 a.C. comenzaron las Guerras Celtibéricas, cuya causa fue la iniciativa de la ciudad de Segeda de construir una nueva muralla. Los romanos consideraron esta acción como una violación del Tratado de Graco, por lo que enviaron un ejército al mando de Nobilior.

Como los segedenses no tenían terminada su muralla y por lo tanto estaban desprotegidos huyeron hacia la zona del Alto Duero refugiándose en Numancia, donde fueron acogidos como aliados y amigos. De esta forma entró Numancia en las Guerras Celtibéricas encabezando la resistencia frente a Roma durante veinte años.

Maqueta de Numancia

La ciudad de Numancia, capital de los Arévacos, destacó desde el principio del levantamiento celtibérico contra Roma y su final, después de su resistencia “numantina”, ha adquirido tintes de gesta heroica.

Publio Cornelio Escipión Emiliano, el destructor de Cartago, fue el encargado de poner fin a la resistencia numantina, aunque cuando llegó a Numancia se encontró con un panorama desolador. Las legiones romanas estaban desorganizadas y desentrenadas, por lo que impuso una férrea disciplina estableciendo un régimen de gran austeridad tanto en la alimentación como en la forma de vida de los soldados. La primera medida que impuso el general romano fue la expulsión de los mercaderes, prostitutas y adivinos que acompañaban al ejército en la campaña. Despidió a los criados y vendió carros y equipajes quedándose sólo con lo estrictamente necesario.

En un principio Escipión no se dirigió directamente a Numancia, sino que atacó las poblaciones cercanas con el fin de que no pudieran auxiliar a la ciudad. Una vez devastado el territorio circundante, Escipión comenzó el sitio de Numancia llegando a establecer hasta siete fortificaciones alrededor de la ciudad. También cerró el río Duero, único punto de contacto de los numantinos con el exterior, lo que perjudicó gravemente a la resistencia. La proporción entre asediantes y asediados era claramente favorable a los romanos que contaban con unos 25.000 hombres, mientras que se calcula que los numantinos eran entre 8.000 y 10.000.

"El último día de Numancia". Alejo Vera (1882)

La leyenda cuenta que cuando las provisiones se agotaron un héroe llamado Retógenes salió de la ciudad y consiguió atravesar las líneas romanas, llegando a la vecina población de Lutia donde pidió auxilio y se le unieron unos 400 hombres. Enterado Escipión por sus espías los capturó y mandó amputarles ambas manos. Mientras, en Numancia las deficiencias sanitarias hicieron aparecer la peste que se cebó en la extenuada población.

Hubo gente que murió de hambre, otros se dice que comían cadáveres. Ante esta situación que duró meses, parte de la población se rinde agotada por el hambre y las enfermedades. Otros prefirieron quitarse la vida antes de entregarse a los romanos e hicieron una gran hoguera a la cual se arrojaban. Cuando los romanos entraron en la ciudad sólo encontraron unos cientos de numantinos que no habían podido o no habían querido escapar a la derrota. De los rendidos Escipión se quedó con 50 para que lo acompañasen en la celebración del triunfo y al resto los vendió como esclavos. Finalmente arrasó la ciudad de Numancia, poniendo fin a las Guerras Celtibéricas.


Fuentes:
- mural.uv.es
- Artehistoria - Numancia
- Artehistoria - El sitio de Numancia

Para saber más:
Gran Enciclopedia de España - CELTIBÉRICAS, Guerras
Celtiberia.net - Relato de algunas guerras celtibéricas
El asedio de Numancia, por Julián Hurtado Aguña

14 de marzo de 2012

Pueblos íberos: Vacceos

Los vacceos ocuparon prácticamente la parte occidental de la actual comunidad de Castilla y León. Se cree que son descendientes de la cultura Hallstatt que tuvieron que emigrar desde el norte de Europa debido a la presión de los pueblos germánicos. Están documentados en las fuentes escritas desde el siglo III a.C., pero seguramente su antigüedad se remote tiempo atrás. La característica más destacada de este pueblo es su conexión con los pueblos del sur de la península, como Tartessos, debido a una ruta comercial de estaño, que sería conocida posteriormente por los romanos como Vía de la Plata, ya que éste era el metal que se importaba desde el sur. Este contacto pudo posibilitar la evolución cultural de los pueblos del interior.

Destaca entre la arqueología dedicada a los vacceos un cambio fugaz en su arquitectura, pues existe un cambio de la llamada Cultura del Soto con sus cabañas circulares de adobe con techumbre cónica a las conocidas como oppidas vacceas, ciudades más urbanizadas y con casas rectangulares. Los restos arqueológicos dan muestras de incendio en algunos yacimientos así que podemos pensar que la destrucción de las aldes favoreció una reconstrucción de las casas en las que se introducirían también estas novedades.


En cuanto a su economía, Diodoro es quien nos informa de la práctica de algo parecido al “colectivismo agrario”; es decir, cada año las tierras se repartían, poniéndose en común los frutos. Aclaro que esto no quiere decir que tuvieron un concepto de “igualdad”, ya que hay evidencia de diferencias sociales en los ajuares funerarios. Suponemos entonces que se reparto se haría en función de las necesidades y del rango. Se cree que seguramente se dedicaban al cultivo cerealístico, aparte de por las grandes extensiones que requiere, porque se sabe que los vacceos abastecieron a los numantinos en más de una ocasión y también porque se han hallado restos de silos y almacenes para el grano. Hay que destacar, siempre según Diodoro, que existían una pena de muerte para los que no cumplieran con el reparto del grano.

Existía una jerarquización social basada en la diferenciaión entre equites e infantes; es decir, los guerreros que tenían caballo y los que no. Así, por medio de las tumbas y sus ajuares, vemos que los ancianos que habían sido soldados en su juventud gozaban de un gran prestigio entre el resto de la sociedad. Solían llevar vestidos de lana negra, la cual obtenían de cabras salvajes. Parece ser que hay evidencias de que tenían esclavos.

En cuanto a las creencias, se basaban en el animismo que desarrollaban hacia ríos, montañas, etc. También hay constancia del culto a Lug, Epona y a las Matres, aunque creemos que esto es posterior y que sus formas antropomorfas vienen influidas por otros pueblos. No hay constancia de un sacerdocio institucionalizado.


Fuente:
Mirando hacia el pasado

5 de julio de 2011

Las armas de los íberos: la falcata ibérica

La falcata es una espada de hierro originaria de Iberia, y relacionada con las poblaciones indígenas ibéricas anteriores a la conquista romana. Muy usada entre los pueblos íberos o los celtíberos limítrofes con los primeros, siendo las espada de "antenas" más común en la zona más céltica de la Península.

Sus dimensiones son similares al gladio romano, de aproximadamente medio metro de hoja. Es muy factible que la estructura y dimensiones de la falcata hayan influido en la espada romana, naciendo así el gladius hispaniensis, cuya evolución tendería hacia la característica forma recta de la hoja. De todas formas es posible que esta influencia sobre las armas cortas romanas viniera dada por la espada de antenas, también frecuente en la Iberia prerromana y de origen celta.

La falcata solía utilizarse como arma de corte al impacto. Gracias a su forma y peso ofrecía una gran potencia a la hora de asestar cortes en el enemigo ocasionando grandes daños en él. Muchas de ellas tenían la parte del contrafilo rebajada lo cual hace pensar que también podía ser utilizada para dar estocadas.

La calidad del hierro con el que se forjaban las falcatas tenía una gran capacidad de corte y flexibilidad, una de las características más estimadas y buscadas. El procedimiento de dicho forjado era el siguiente:

  1. El hierro se sometía a un tratamiento de oxidación (enterrando las planchas bajo el suelo entre dos y tres años) eliminando así las partes más débiles.

  2. La hoja se realizaba forjando tres láminas y uniéndolas en caliente, de las cuales la central presentaba una prolongación para la empuñadura, desplazada normalmente hacia un lado respecto al eje de simetría de la espada, y con forma de cabeza de caballo o grifo. La empuñadura iba decorada con cachas de hueso o marfil, y solía unir la cabeza del animal a la guarda con una cadenilla.

Tras las primeras batallas en la Península Ibérica, se dio la orden a las tropas romanas de reforzar con hierro los bordes de sus escudos, posiblemente para contrarrestar la potencia de corte de las falcatas, muy superior a la de las espadas rectas y los sables.


Fuente:
El cuchillo militar - José E. Cuesta y Juan C. Laguna

19 de abril de 2011

Pueblos íberos: Los carpetanos

Los Carpetanos eran un pueblo que habitaba la Meseta sur, desde la sierra de Guadarrama hasta el Tajo.

Muchas de sus ciudades se hallaban asentadas en riscos y escarpaduras con cuevas naturales o artificiales que servían a la gente de mansiones. Plutarco habla de la ciudad de los Caracitanos (Taracena, cerca de Guadalajara), que no estaba compuesta de casas, sino que en realidad era un monte bastante alto y de cierta extensión con muchas cuevas orientadas hacia el norte. Otros poblados encerraban casas agrupadas sin orden, construidas en parte de piedra y en parte de madera y adobes o tapial.

Medusa de Titulcia, pieza arqueológica realizada en oro
y plata, que perteneció a los carpetanos
Al parecer contaban con un sistema económico bastante más diversificado que los pueblos colindantes, pues aunque su base era la agricultura contaban con un cierto nivel de ganadería, sobre todo de cápridos, y también explotaban ciertos minerales, los que se daban en su zona, sobre todo oro y plata, debido a que el hierro y el cobre se daban en la parte norte de la Meseta. Además, sus hombres eran empleados como mercenarios de otras poblaciones. También recolectaban en el bosque, y complementaban su alimentación con lo que cazaban, sobre todo jabalís, conejos y liebres. Lo que cultivaban principalmente era la vid y el olivo. No destacó, sin embargo, el pueblo carpetano, en la industria textil, así como en el trabajo de los metales, de los que solo realizaron algunas piezas de orfebrería.

La moneda apareció a finales del siglo III a.C. o comienzos del siglo II a.C., debido fundamentalmente a los contactos de los carpetanos con los romanos y con los cartagineses, que hicieron frecuente el uso de la moneda entre ellos. Pero hasta la mitad del siglo I a.C. no se tiene constancia de que acuñaran moneda propia.

Los hombres vestían ropajes negros y ásperos de lana, y arrolladas a las piernas llevaban espinilleras de piel. En caso de guerra se cubrían la cabeza con un casco de bronce, adornado de una gran cresta de color rojo, y en una mano llevaban un escudo redondo y ligero. Sus espadas eran de dos filos y los puñales de un palmo de longitud: de éstos se servían para la lucha cuerpo a cuerpo. Sus únicas industrias eran las del hierro y el tejido de sagos, piezas ásperas de lana parecidas en su aspecto a la de las cabras salvajes.

Marco Porcio Catón, Catón el Viejo, fue el procónsul romano encargado de romanizar este pueblo. En torno al año 195 a. C. dirigió las operaciones militares destinadas a eliminar la alianza militar de carpetanos, vetones, vacceos y otras tribus celtíberas. En el 193 a. C. las legiones de Marco Fulvio Nobilior llegaron a sitiar Toletum, la capital de los carpetanos, para conquistarla al año siguiente, tras derrotar a un ejército aliado vetón. Nobilior capturó al rey carpetano Hilerno, quien había reunido en torno a él a una confederación de vacceos, vettones, olcades y carpetanos.

En el verano del 185 a. C. un ejército aliado de carpetanos, lusitanos y vetones derrotaron a los romanos dirigidos por Quinto Crispino y Cayo Calpurnio. Y al año siguiente fue derrotado en Titulcia el cónsul Aulo Terencio Varrón. En el 180 a. C. pacificó la zona Tiberio Sempronio Graco firmando con los carpetanos una tregua por 25 años. A partir del 153 a. C. las treguas de Graco se rompieron y las luchas continuaron. Sólo acabarían con la caída de Numancia, en 133 a. C. ante las legiones de Publio Cornelio Escipión.


Fuentes:
- www.liceus.com
- www.madridejos.net
- Wikipedia

30 de marzo de 2011

Pueblos íberos: Los layetanos

Los layetanos ocupaban las tierras comprendidas entre el macizo de Montnegre y el del Garraf, en Barcelona, los territorios que corresponden a las actuales comarcas del Baix Llobregat, el Barcelonès, el Vallès Occidental, el Vallès Oriental y el Maresme.

Los autores clásicos como Estrabón, Gayo Plinio o Claudio Ptolomeo, nos explican con bastante detalle la situación geográfica de este pueblo; sin embargo, y a diferencia de otros pueblos iberos, no proporcionan ningún otro elemento que nos permita conocer mejor el pueblo layetano: relaciones con los romanos, conflictos bélicos, caudillos militares...

En la Layetania había asentamientos de grandes dimensiones como Burriac, en Cabrera de Mar, y muchos poblados fortificados -a menudo encaramadas en las sierras litorales-, y explotaciones agrarias en las tierras bajas. Los restos arqueológicos hallados nos hablan de una sociedad aristocrática, guerrera y jerarquizada. No se conoce donde estaba su capital, pero cerca de importantes núcleos ibéricos de esta zona surgieron más tarde prósperas ciudades romanas como Barcino, Baetulo y Iluro.

Restos de las murallas del poblado íbero de Burriac (Cabrera de Mar, Barcelona)


Fuentes:
www.mac.cat
Encydia

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